
En vista de la situación, decidí aplicar lo aprendido aquel año en que decidí irme a vivir al norte del norte y entré en estado de hibernación para evitar malgastar energías tontamente. Pese a todo, hubo tiempo para una vuelta a casa fugaz, una última escapada y varios reencuentros de esos que valen la pena y te recuerdan que de todo lo malo se saca algo bueno. Y aunque el invierno sigue empeñado en recordarme por qué no elegiría yo un destino tropical para pasar el 2013, es hora de despertar del letargo y recuperar las cosas donde las dejé. Porque el frio y la adversidad climatológica jamás deberían ser una excusa para dejar de cumplir sueños y objetivos, y si no que se lo digan a ella, que se fue a cumplir los suyos nada más y nada menos que a un paso de la Antártida....